A veces las letras del alfabeto se agrupan para formar palabras que nos cautivan por su sonoridad, su significado o lo que sugieren. Las iremos acumulando aquí para compartirlas con vosotros.

Dodo

La carga del hombre blanco debería extenderse al triste final de este pájaro. El Raphus cucullatus, su nombre científico, era un ave no voladora que vivía pacíficamente en las Islas Mauricio, protegidas por el Índico. Ante la ausencia de depredadores, su torpeza no precisaba mejoras evolutivas. Hasta que un mal día, allá por la segunda mitad del siglo XVI, la llegada de los colonizadores supuso el principio del fin. Los recién llegados transportaban animales domésticos y de granja que se chuparon las patas con los huevos de los dodos. Nada pondría freno a aquel festín hasta la total desaparición de aquellos apetitosos manjares indefensos. Según los cronistas de la época, ningún ejemplar de Raphus cucullatus llegó vivo al siglo XVIII. La extinción del pobre dodo recuerda a la de las librerías. La irrupción de nuevas formas de consumo ha dado al traste en muy pocos años con muchas de ellas. Por suerte las que quedan y otras que han ido surgiendo han aprendido a desarrollar, a diferencia de la infortunada ave, envidiables mecanismos de supervivencia. Su existencia enriquece el ecosistema de los libros y es una lección de tenacidad.

Catatombe

Invención no recogida, hasta la fecha, en ningún diccionario. Surgida inesperadamente en la intimidad de una comida familiar en los labios del padre del anfitrión, su aparición causó un gran alborozo en los presentes. Sin necesidad de limpiar, fijar y dar esplendor, tarea para académicos, su significado, que aúna contundencia y comicidad, parece remitir a una combinación de “catástrofe” y “hecatombe”; un suceso que solo puede ser “catatómbico” cuando no “hecatrófico”. Cada vez que llegan a la editorial las primeras muestras de un libro nuevo procedente de la imprenta, en el instante anterior a la apertura de las cajas nos invade una especie de excitación no exenta de temor. ¿Llegarán los ejemplares en buenas condiciones? ¿Habrá en ellos algún error inesperado? ¿Acaso una “catatombe” irremediable?

Balagán

Transliteración inexistente en castellano, significa caos, desastre. Tal como andan hoy en día las cosas, es difícil sustraerse a la sensación de vivir sumidos en el balagán. La palabra, de origen persa, se lanzó a conocer mundo. Cruzando por Turquía llegó a Rusia, y allí la lengua de Tolstoi la adoptó, como también lo hicieron el yidis, el polaco o el lituano. Posteriormente, sin renunciar a su vocación viajera, emigró a Israel, donde hoy es utilizada en hebreo moderno para referirse a toda clase de contextos más o menos caóticos. Puede tener un lado positivo: vivir en sociedades o situaciones con mucho balagán, habituarse a él, también puede servir para dar con soluciones imaginativas a los problemas que surgen. Crear un sello editorial nuevo, plantearse qué, cuándo y cómo publicar, también entraña una dosis inevitable de balagán.

Abisal

Tanto abisal como abismal se refieren al abismo. Pero son dos cosas distintas. Lo abismal es lo profundo e insondable, lo que no puede comprenderse. Las profundidades del abismo marino son, en cambio, territorio de lo abisal. Según un diccionario chileno, «los buzos enfrentan peligros abisales, los filósofos, problemas abismales». Queremos explorar el fondo de las cosas y, como buzos, volver a la superficie para contar lo que hemos visto. Aunque la presión es alta, exploraremos las simas abisales en busca de buenos libros que, como criaturas luminiscentes, sirvan de pequeño faro en la oscuridad exterior.