ISBN: 978-84-17951-74-0
Número de Páginas: 70
Fecha de lanzamiento: 04/11/2026
Precio: 12,95€
Mucho antes de los tiempos de Buda, en la antigua India, Virata era el guerrero más valeroso de su reino. Lo llamaban el Relámpago de la Espada, y su nombre inspiraba respeto entre los suyos y terror entre sus enemigos. Cuando una rebelión amenazó el trono, condujo a los hombres del rey a la victoria. Pero, al amanecer, mientras recorría el campamento sembrado de cadáveres, volvió el rostro hacia uno de los hombres a los que había matado y reconoció a su propio hermano.
Los ojos del muerto permanecían abiertos. Virata intentó apartarse de ellos, pero ya era tarde: aquella mirada se le había clavado en el corazón.
Desde ese instante, nada de lo que había sido pudo seguir en pie. Virata arrojó la espada al río y juró no volver a derramar sangre ni causar sufrimiento. Aceptó convertirse en juez, convencido de que podría servir a la justicia sin mancharse las manos. Hasta que comprendió que nadie podía medir un dolor que no hubiera sufrido. Renunció entonces al poder, a sus bienes y a la vida que amaba. Buscó una forma de existir que no alterara el destino de nadie y acabó refugiándose en la soledad de la selva, lejos de toda violencia y de toda culpa.
Sin embargo, los ojos de su hermano regresaban una y otra vez: en la mirada de un condenado, en la de un esclavo herido, en la de una mujer a la que el abandono había arrebatado cuanto amaba. Cada vez que Virata creía haber encontrado la pureza, descubría que sus decisiones alcanzaban vidas que no podía ver. También retirarse transformaba el mundo. También no elegir era elegir. También la inacción era una forma de acción.
Stefan Zweig convirtió la búsqueda desesperada de un hombre bueno en una fábula tan hermosa como implacable sobre la culpa, la responsabilidad y los lazos invisibles que nos unen. Escrita tras la Primera Guerra Mundial, cuando el mundo europeo que Zweig conocía se había derrumbado, la obra contiene una pregunta que ningún ser humano puede responder sin mirar hacia dentro: ¿es posible atravesar la vida sin herir a nadie?
Los ojos del hermano eterno habla de la imposibilidad de vivir con las manos limpias y de la necesidad de mirar de frente al daño que causamos, de aceptar que nuestras obras nunca nos pertenecen por completo y de seguir buscando, aun así, una manera más justa de vivir en comunidad.